Capítulo EXTRA
Estamos en julio, pero del sol ni rastro.
Me paré en seco y miré al cielo. Cuando salí de casa por la mañana estaba algo nublado, con pinta de que iba a llover, aunque tampoco me habría extrañado que no cayera ni una gota. Se supone que la temporada de lluvias ya ha terminado, pero el cielo de esta tarde parece que no se ha enterado de que ya es verano.
Decidí dar un rodeo de camino a casa, ya que el tiempo no terminaba de aclararse. Total, aunque me diera prisa, nadie me esperaba allí. Lo único que haría sería matar el tiempo en una casa vacía y cenar sola en una cocina desierta.
No tenía ninguna prisa por volver, así que pensé en entretenerme un rato antes de regresar. El problema sería si empezara a llover de golpe. No llevaba paraguas, así que acabaría empapada, y la idea de tener que secar el uniforme me parecía un coñazo. Aunque dudaba de que alguien me dijera nada por saltarme las clases de mañana si no se secaba a tiempo, la perspectiva de pasarme el día entero sola en casa tampoco me llamaba mucho la atención.
¿Va a llover o no?
Al llegar a la entrada de una librería, volví a mirar hacia arriba. Parecía que cada vez había más nubes, o igual eran imaginaciones mías. De todas formas, deseé que el cielo volviera a estar despejado y azul, aunque no tenía pinta de que fuera a pasar.
Había visitado una librería hacía poco con Maika, así que no buscaba nada en particular. Aun así, este sitio al que venía desde que empecé el bachillerato tenía una selección bastante buena. Era el lugar perfecto para matar el tiempo aunque no tuvieras pensado comprar nada.
Jugándomela a que el tiempo aguantase, entré y me fui directa a la sección de manga. Vi un tomo con un título interesante, pero dudé. Prefería comprármelo un día de sol y no uno como hoy, que amenazaba lluvia. Me pasé a la sección de novelas para echar un vistazo antes de ir a las revistas. Ninguna me llamó la atención, pero, por alguna razón, me dio por mirar hacia la izquierda.
—Oh.
Se me escapó la voz. Vi una cara conocida. Íbamos al mismo instituto y estábamos en la misma clase. No pude evitar sentir que tenía mala suerte por haberme cruzado con mi compañera, Sendai-san, con la que nunca antes había hablado.
No es que me interesara la revista tan llamativa que estaba mirando ella, pero quería echar un ojo al resto de la sección, así que preferí quedarme donde estaba. Aun así, tener cerca a alguien con mi mismo uniforme me hacía sentir incómoda. Sendai-san pertenecía a un rango de la jerarquía social muy superior al mío; sería una situación violenta si nuestros caminos se cruzaban. Al volver a mirarle la cara, no sé por qué, sentí presión por irme.
Solté un pequeño suspiro. De todas formas, no era como si Sendai-san fuera a fijarse en mí.
Nunca lo había hecho antes, así que hoy no iba a ser diferente. Vamos, dudaba mucho que Sendai-san recordara siquiera mi nombre, y mucho menos que reconociera mi cara.
Era como si viviéramos en planetas totalmente distintos. Era dolorosamente evidente cuando estábamos en el instituto.
Nuestros compañeros parecían divididos en grupos por colores, y los del mismo color siempre se juntaban entre ellos. Estos grupos estaban organizados en una jerarquía social para evitar que los de rango inferior se mezclaran con los demás. Como es natural, Sendai-san y yo pertenecíamos a grupos distintos.
Dicho esto, en realidad teníamos libertad para relacionarnos con quien quisiéramos, así que intentaba no verlo así. Pero siempre que parecía que estaba invadiendo un espacio donde no pintaba nada, el ambiente se volvía raro. Aunque Sendai-san no parecía el tipo de persona que capta esa incomodidad. No tenía por qué hacerlo. Ella tenía libertad para moverse por donde le diera la gana.
Dudaba mucho que alguna vez nos entendiéramos. Antes de irme, le eché un último vistazo a hurtadillas.
Estaba mirando otra de esas revistas tan llamativas con gesto de preocupación. En el instituto siempre parecía tan radiante y alegre; verla así contrastaba mucho con mi imagen de ella. Pero, sea como sea, seguía siendo una chica que llamaba la atención. Quizá la razón por la que Sendai-san parecía tan guapa era porque llevaba un poco de maquillaje.
Le di la espalda y salí de la zona de revistas. Volví al pasillo de manga y me planteé comprar el libro de antes. Pero, tras decidir finalmente no hacerlo, deambulé un rato más hasta que volví a las revistas. Sendai-san ya no estaba allí.
No tenía intención de seguirla como una acosadora, así que me dirigí a la salida. Pero entonces, la vi rebuscando torpemente en su mochila frente a la caja y me paré en seco.
¿Qué está haciendo?
Era interesante verla hacer algo que jamás haría en el instituto. Aunque presentía que era mala idea acercarme, cuando la oí intentar hablar nerviosa con el dependiente, la curiosidad me pudo. En la caja se veía el precio de sus libros, pero no había pagado. Si tuviera que adivinar, se le había olvidado el monedero.
Sentí una extraña sensación de cercanía al verla tan agobiada. Llevaba dinero de sobra, así que pagarle la compra no me iba a dejar en la ruina. Pero me resultaba interesante ver a Sendai-san, que siempre mantenía la compostura, lidiando con un apuro como este. Sería digno de ver si tuviera que irse con las manos vacías.
—Estos libros... —empezó a decir Sendai-san.
De repente, mi boca y mi cuerpo decidieron moverse por su cuenta.
—Yo los pago.
—¿Eh?
Sendai-san sonó sorprendida cuando me acerqué sacando un billete de 5.000 yenes. Puse el dinero en la bandeja.
—Sendai-san, usa esto.
Lo estaba haciendo por puro capricho. No tenía intención de buscar nada a cambio. Por alguna razón, sentí el impulso de gastar ese billete en ella. Quizá quería ayudarla en una situación incómoda donde no solía verla, o simplemente tenía curiosidad por ver cómo reaccionaría ante una desconocida. No estaba muy segura de mis propias intenciones, pero decidí probar a hacer algo que normalmente no haría.
Bueno, al menos así intenté justificármelo.
—... Eres Miyagi, ¿no?
Vaya, así que sí se acuerda de mi nombre.
Logré tragarme las palabras que casi se me escapan. Sendai-san, quien nunca imaginé que pronunciaría mi nombre, puso tal cara de sorpresa que a mí también me pilló desprevenida.
—Usa ese dinero para pagar tus cosas.
—No, tranquila. Me sabrá mal si lo haces.
—No te preocupes por eso.
No había ningún significado oculto, así que no importaba si luego se olvidaba. Pasar más tiempo en la caja solo iba a llamar la atención. No quería que nadie del instituto me preguntara qué hacía con ella, quería largarme cuanto antes. Pero ella no cedía.
—No, toma, recógelo.
Sacó el billete de la bandeja y me lo devolvió. Pero yo no pensaba guardarlo, así que lo dejé otra vez allí.
—Esto... ¿puedo usarlo para cobrarle?
—Sí, hazlo, por favor.
Oí la voz confusa del dependiente y respondí mientras él cogía el billete. Mientras Sendai-san recibía el cambio, me alejé.
—Gracias, Miyagi. Parece que se me ha olvidado el monedero, así que me has salvado la vida —dijo con su habitual voz alegre.
Si de verdad estás agradecida por la ayuda, puedes devolverme el favor dejándome en paz.
En el instituto, pertenecíamos a “pasillos” completamente diferentes. Éramos dos seres distintos que existían en mundos separados; lo lógico era mantener las distancias.
—Toma, el cambio. Mañana te devuelvo lo que has puesto.
—No hace falta que me lo devuelvas. Puedes quedarte el cambio también.
No necesitaba el dinero. Además, si Maika viera a Sendai-san dándome dinero en clase, acabaría interrogándome. Solo de pensarlo me daba pereza. Le di la espalda y empecé a caminar.
—¿Eh? Espera un segundo, que me sabe mal.
—Está bien. De verdad que no lo necesito, así que quédatelo, Sendai-san.
—No puedo aceptar esto sin más. Deja que te lo devuelva.
—Tíralo, entonces.
—¡¿Tirarlo?! ¡Que estamos hablando de dinero!
Sendai-san me agarró del hombro. Si no lo quieres, tíralo. Si no, quédatelo.
Eso pensé, pero ella no parecía contenta y seguía insistiendo.
—Ah, vale, da igual. Digamos que también he tomado prestado el cambio. Mañana te lo devuelvo todo.
—No hace falta. No tienes que devolverme nada.
Me sacudí su mano del hombro y salí de la librería.
—Te lo voy a devolver. Mañana te daré 5.000 yenes en el instituto.
Parecía que me estaba persiguiendo. Oí un tono molesto —algo con lo que no me había topado antes en clase— que venía detrás de mí. Mucha gente aceptaría el dinero sin rechistar, pero ella no parecía ser de ese tipo.
Era sorprendentemente insistente. E increíblemente cabezota.
Mientras caminaba, barajé formas de que aceptara el dinero. ¿Había algo para obligarla a que lo cogiera y punto? De pronto, mi mente se detuvo en la idea más tonta de todas.
—... ¿Qué te parece trabajar para pagar esos 5.000 yenes?
Sugerí sin mirar atrás. El dinero solía utilizarse como compensación por el trabajo. Era una sugerencia aburrida, pero tenía sentido para mí. Mi padre trabajaba y ganaba dinero; de hecho, el dinero de mi monedero era el resultado de que él se pasara el tiempo fuera en lugar de estar en casa.
—¿Eh? ¿Trabajar?
—De momento, acompáñame a casa.
Dejé de caminar y me giré para mirarla.
—¿Eh? ¿A qué te refieres con que te acompañe a casa? Acabo de decir que te lo devolveré mañana.
—Si no vas a venir conmigo, entonces quédate el dinero.
Me daba igual si aceptaba o no. De cualquier forma, el dinero acabaría en sus manos. Fin de la historia. Era un poco aburrido volver sola, pero me di la vuelta otra vez. Oí un pequeño suspiro detrás de mí.
Deberías quedarte donde estás, Sendai-san.
Miré hacia arriba. El cielo estaba ahora cubierto de nubes grises que vaticinaban lluvia inminente. Debería darme prisa. No quiero que se me moje el uniforme. Entonces, oí a mi espalda un suspiro aún más profundo.
—Tengo paraguas en casa.
No estaba segura de si ella llevaba uno, pero al oírla me salió decir algo que no hacía falta.
—Ah, en fin, da igual. ¿Dónde está tu casa? ¿Cerca?
—No está tan lejos. Ven conmigo.
Contesté mientras empezaba a andar. Sendai-san me estaba siguiendo de verdad. No sabía qué quería que hiciera por mí, ni qué se le pasaba a ella por la cabeza. Pero quizá estaba bien que algo así pasara de vez en cuando.
No tenía nada específico en mente, pero era aburrido volver sola. Tener a Sendai-san conmigo parecía una buena forma de matar el tiempo. Aunque no tuviéramos nada en común, era mucho mejor que estar sola.
Y así, en silencio, nos dirigimos juntas a mi piso.