[21–24] Quiero oír la voz de Sendai-san (Miyagi PoV)

Traducción fan al castellano de Shū ni Ichido Classmate o Kau Hanashi — Shuukura

HISTORIA SOBRE CÓMO COMPRABA A MI COMPAÑERA DE CLASE UNA VEZ A LA SEMANA


Capítulo 21

Maika estaba matriculada en una academia de refuerzo. Sendai-san asistía a una escuela preparatoria. En ambos casos, sus padres les habían dicho que, si iban, ellos correrían con los gastos de la matrícula. Aunque, a decir verdad, yo no tenía muy clara cuál era la diferencia entre una academia de refuerzo y una preparatoria. Los dos sitios tenían algo que ver con estudiar. Eso era lo único que sabía al respecto.

A mí no me interesaba asistir a ninguno, así que me sentía un poco mal por llamar a Sendai-san todo el tiempo. Decidí limitarme a hacerla venir una vez a la semana. Normalmente le decía a Sendai-san que viniera siempre que tenía un mal día, pero últimamente intentaba aguantarme todo lo que podía. Era una decisión que había después de que Sendai-san se fuera la semana pasada. Sin embargo, ya me moría de ganas de invitarla a venir.

—No quiero hacer nada más...

Me recosté en la silla y solté un suspiro. Maika, que estaba sentada frente a mí, se rió mientras decía:

—Hoy te has llevado una buena, ¿verdad, Shiori? Qué mala suerte.
—En serio, ha sido mucha mala suerte. Tigrehashi estaba de un humor de perros.

Ami estaba sentada junto a Maika. Se refería a uno de nuestros profesores, Takahashi-sensei, que siempre parecía ir vestido de azul. Pensé en la clase que acababa de terminar. Ahora que Tigrehashi ya no estaba cerca, tenía libertad para quejarme.

—Ojalá dejara de usarnos como sacos de boxeo. En serio, es lo peor.

Tigrehashi era nuestro profesor de Historia Mundial, famoso por pagarla con los alumnos siempre que estaba de mal humor. Incluso antes de que empezara la clase de hoy, ya estaba con el ceño fruncido y tenía una arruga profunda entre las cejas.

Por favor, que no me toque a mí.

Recé para que así fuera, pero el destino tenía un plan diferente; me convertí en su objetivo principal. No paró de acribillarme con preguntas imposibles de responder, seguidas de un sermón cuando me quedaba callada. Siguió señalándome, soltando algún que otro comentario sarcástico, antes de volver finalmente a la sala de profesores. Como resultado, tenía la moral por los suelos.

—Quiero irme a casa ya.

Murmuré mientras guardaba los libros de texto y los cuadernos en mi pupitre.

—Sé cómo te sientes, pero ahora nos toca gimnasia, así vayamos tirando —dijo Ami mientras me daba un codazo.
—Sí, ya lo sé —respondí mientras me levantaba, sujetando mi ropa de deporte en las manos.

Las tres salimos juntas del aula y caminamos por el pasillo hacia el gimnasio, con el sonido de nuestros pasos resonando a nuestro alrededor.

—Ah, hablando de eso... —dijo Maika, como si recordara algo de repente—: ¿Te has hecho daño en el brazo o algo?
—No. ¿Por qué lo preguntas?
—Últimamente te lo tocas mucho.
—... ¿Ah, sí?
—O sea, te lo estás tocando ahora mismo.

Cuando Maika lo señaló, de repente fui consciente de ello. Me estaba sujetando el brazo como si fuera algún tipo de hábito que hubiera desarrollado, aunque la marca que me hizo Sendai-san ya había desaparecido.

—Ah, supongo que tienes razón.

Solté el brazo. El chupetón que me hizo Sendai-san la semana pasada no duró mucho. A los dos días ya había empezado a borrarse. Antes de darme cuenta, la marca roja había desaparecido hasta coincidir con el color de mi piel, como si se hubiera fundido en mí. En ese lapso de tiempo, no recordaba haberme tocado el brazo. Incluso ahora, probablemente nunca me habría dado cuenta si Maika no lo hubiera dicho.

¿Qué estaba pasando?

Odiaba comportarme como si quisiera que la marca siguiera ahí.

—Eh, Shiori. No te quedes parada —dijo Ami tirándome del brazo.

Aquello bastó para sacarme de mis pensamientos y conseguí que mis pies empezaran a moverse de nuevo.

—¿Tanto trauma te ha dejado que te acose Tigrehashi? —se rió Maika mientras me daba una palmadita en la espalda.

Esa no era la verdadera razón, pero tampoco me molesté en corregirla. Mientras Ami tiraba de mí, decidí hacerle a Maika la pregunta que me rondaba la cabeza desde hacía un rato.

—Ah, por cierto, Maika. ¿La academia es difícil?
—Bueno, es bastante dura, pero tengo que aguantar hasta que pase el examen de ingreso. Ah, ¿te has apuntado a alguna, Shiori?
—No, qué va.
—Si vas a matricularte en alguna, deberías venir a la mía. Los profesores explican las cosas bastante bien.

Maika le dio bombo a la academia a la que iba como si fuera la dueña. No es que me gustara mucho estudiar, pero quizá ir a la misma academia que Maika me haría sentir mejor que estar sola en mi habitación todo el tiempo. O quizá si fuera a la misma preparatoria que Sendai-san...

Una idea que no iba a ir a ninguna parte se me cruzó por la cabeza, pero me la quité de encima enseguida. Si tuviera que elegir entre ir a una academia o a una preparatoria, elegiría sin duda la primera. Pero por el momento, no tenía planes de ir a ninguna de las dos.

—Me lo pensaré.

Respondí sin mojarme mucho a la insistente invitación de Maika. Al mirar al frente, vi una figura familiar al final del pasillo.

—Como siempre, destacan bastante, ¿verdad?

Dijo Ami sin mencionar ningún nombre. Pero al ver a Ibaraki y a su grupo dirigiéndose hacia nosotras, supe exactamente a quién se refería.

Por supuesto, Sendai-san estaba entre la gente de ese grupo. Las chicas caminaban justo por el centro del pasillo como si fueran las dueñas del instituto.

—Ya te digo —susurró Maika mientras se apartaba para dejarlas pasar.

El grupo de delante armaba un alboroto de voces agudas y enérgicas mientras charlaban animadamente entre ellas. A medida que la voz de Ibaraki se acercaba a nosotras, los ojos de Sendai-san se encontraron con los míos. Pero el intercambio solo duró un instante antes de que pasáramos la una junto a la otra.

Nuestro instituto era bastante grande, pero las aulas de tercer año estaban todas en el mismo edificio; cosas así pasaban a menudo. Aunque Sendai-san y yo nunca intercambiábamos palabras ni nos saludábamos si nos veíamos por los pasillos. Esa era una de las reglas que habíamos establecido, así que no había nada por lo que sentirse decepcionada.

A pesar de todo, me invadió una extraña sensación de inquietud. Una extraña sensación de vacío me puso melancólica. Y para colmo, después de que Tigrehashi la tomara conmigo, me moría de ganas de llamar a Sendai-san.

Pero se quedaría solo en una tentación. Al fin y al cabo, ya había decidido que intentaría aguantarme todo lo que pudiera.

—Ah, sí. ¿Os habéis enterado de lo que ha pasado?

Dijo Maika de repente, dándose la vuelta para asegurarse de que Ibaraki y las demás estaban alejadas antes de mirarnos

—He oído que un chico de segundo del equipo de baloncesto se le ha declarado a Sendai-san.

Maika se inclinó, susurrando como si estuviera compartiendo información clasificada con nosotras. No tenía ni idea de cómo se las había apañado para enterarse de eso.

—¿Ah, sí? ¿Quién ha sido? —preguntó Ami, pareciendo extremadamente curiosa por los detalles.
—Al parecer, ha sido Yamada.

Busqué en mi memoria al oír el nombre. No había oído nada de que un chico del equipo de baloncesto se le hubiera declarado a Sendai-san. El nombre «Yamada» nunca había salido antes. De hecho, ni siquiera sabía quién era ese tal «Yamada».

Sendai-san y yo no teníamos la suficiente confianza para entablar conversaciones triviales, y mucho menos para hablar de líos amorosos, así que no era raro que no supiera lo que había pasado. Aun así, cuando oí a Maika mencionar algo desconocido para mí, no pude evitar sentirme molesta.

—¿No es bastante guay? —Ami habló con una voz más emocionada de lo habitual.
—Mmm, ¿yo no creo que sea tan guay?
—¿En serio? Bueno, ¿tú qué piensas, Shiori?

Mis pies se detuvieron en seco cuando la pregunta llegó de repente a mí.

—... ¿Yo? Bueno, realmente no sé quién es. Pero lo más importante, parece que estás muy puesta en estas cosas.

—Ah, en realidad, me lo ha contado alguien que va a mi academia.

Respondió Maika con naturalidad antes de pasar al siguiente cotilleo.

Si recordaba bien, Sendai-san tenía que ir a la preparatoria hoy. Incluso si la llamara hoy, solo podría venir mañana.

Aunque me sentiría mal si la llamo demasiado a menudo.

Pensé para mis adentros. A pesar de todo, decidí enviarle a Sendai-san el mensaje habitual después de la clase de gimnasia.

Capítulo 22

—Siento lo de ayer.

En cuanto entró en la habitación, Sendai-san empezó a disculparse.

—Es lo que acordamos, así que no pasa nada.

Fui yo quien sugirió que, si no podía venir después de la academia, viniera al día siguiente. Aunque sabía que ayer tenía academia, le envié el mensaje de siempre. Mientras cumpliera las reglas y prometiera venir hoy, no tenía quejas.

—Toma.

Le di el billete de 5.000 yenes que tenía preparado sobre el escritorio.

—Gracias —Sendai-san sacó el monedero y guardó el billete. Luego, se acercó a mi lado y echó un vistazo al calendario que había sobre mi mesa.

—Ya casi es la Golden Week, ¿eh?
—Y eso que las vacaciones de primavera acaban de terminar.
—¿Odias las vacaciones o algo, Miyagi? Justo antes de las de primavera también estabas de mal humor.

Sendai-san no mencionó por qué creía que yo estaba de mal humor entonces. Pero seguro que estaba pensando en el día que le eché el refresco por encima.

—No hay mucho que hacer en vacaciones, así que me aburren un poco.

Respondí sin entrar en el motivo de mi mal humor. En su lugar, le expliqué por qué no era muy fan de los descansos largos.

—Las vacaciones están bien, ¿no? ¿Por qué no vas a algún sitio divertido?

Aunque sí tenía planes para la Golden Week. Había quedado con Maika y Ami para salir durante las vacaciones, pero no tenía la necesidad de contárselo a Sendai-san. Aparté el calendario de escritorio y le di un toque en el brazo.

—Sendai-san, enséñame el brazo.

No dije que fuera una orden, pero Sendai-san obedeció y extendió el brazo hacia mí. Sin embargo, seguía vestida con el uniforme escolar.

Sabes a qué me refería.

Debería haber sabido exactamente qué le pedía, pero se hacía la tonta. Me reafirmé.

—Súbete la manga.
—Ok, vale.

Sendai-san respondió con desgana mientras se desabrochaba el puño de la blusa. Después, se la subió junto con la manga de la americana. Le agarré el brazo, escaneando la zona entre la muñeca y el codo.

—Desapareció mucho más rápido de lo que pensaba. ¿Qué tal el tuyo, Miyagi? —comentó Sendai-san mientras le examinaba el brazo.

Tal como dijo, no pude encontrar la marca que le había dejado.

—Se fue casi de inmediato.
—¿Y el moratón de la rodilla?
—También se ha ido.

A diferencia del chupetón que me hizo Sendai-san, el moratón normal de mi rodilla tardó más en curarse. Ahora, tanto mi brazo como mi rodilla estaban totalmente limpios, hasta el punto de que casi no podía creer que hubieran tenido marcas.

El brazo de Sendai-san se veía igual que el mío. Era casi como si lo que había pasado la semana pasada nunca hubiera ocurrido.

Acaricié suavemente el brazo de Sendai-san sin soltarlo. Estaba suave al tacto, lo cual me resultaba bastante agradable.

... Si presionara mis labios contra su brazo ahora mismo...

Mientras dijera que era una orden, podría hacerle otro chupetón ahora mismo si quisiera. Apreté suavemente la zona donde dejé el último chupetón. Por supuesto, ya no había nada allí. Mientras presionaba repetidamente el mismo punto con los dedos, Sendai-san me cogió la mano.

—¿Planeas dejar otra marca ahí o qué? —preguntó, como si estuviera leyendo mis pensamientos.
—No.

Tras mi respuesta seca, me soltó la mano y empecé a tocar la parte interior de su codo. No estaba segura de si lo que sentía era hueso, músculo o alguna otra cosa. De cualquier forma, se sentía duro al tacto. Deslicé suavemente la mano por su brazo, como intentando percibir mejor lo que estaba tocando. Recorrí los vasos sanguíneos hasta la muñeca.

—Da un poco de cosquillas cuando me tocas así —dijo Sendai-san, con las puntas de los dedos crispándose ligeramente. Pero no apartó el brazo, así que seguí pasando los dedos por la suave superficie de su piel.

Hacer esto me estaba haciendo olvidar por qué había llamado a Sendai-san en primer lugar. Oír algo que desconocía de boca de Maika hizo que se me cerrara la garganta, y sentía que me costaba respirar. No es que me enfadara ni nada, pero definitivamente tampoco era una sensación agradable.

Pero, ¿cómo me sentía ahora?

Levanté la cabeza. La Sendai-san que tenía delante tenía la misma expresión que en el instituto. No era la Sendai-san que yo quería ver. Clavé los dedos en su piel suave, mis uñas hundiéndose más en su carne a medida que aplicaba más fuerza.

—Tus uñas hacen daño —dijo Sendai-san, pero ni siquiera intentó apartarlas.
—¿Te pareció guay el chico ese del equipo de baloncesto?

No me importaba especialmente la respuesta, pero con las palabras de Maika aún rondándome la cabeza, no pude resistirme a hacer esa pregunta tan banal.

—¿Por qué preguntas por el equipo de baloncesto?
—Alguien se declaró.
—¿A ti?
—... Sabes de qué estoy hablando.

Sabía que Sendai-san era esa clase de persona. A veces era un poco mala conmigo y solo hacía o respondía cosas cuando se le ordenaba. Apliqué un poco más de presión con la punta de los dedos.

La cara de Sendai-san se contrajo ligeramente mientras se quitaba mi mano del brazo a la fuerza.

—Lo rechacé.

No negó que se le hubieran declarado; en su lugar, compartió su respuesta conmigo.

—¿Por qué?
—¿Por qué? Pues porque no es que sintiera algo por él, y aunque empezáramos a salir, tampoco tendría tiempo para verle.
—Dices que «no tendrías tiempo para verle». ¿No podrías simplemente sacar tiempo para él?
—A ver, tengo que ir a la academia. Y luego tengo que venir a tu casa.

Sendai-san se acarició las marcas de uñas que le había dejado en el brazo con cara de fastidio.

—Digamos que tuvieras tiempo. Dejas la academia, y no tienes que venir aquí tampoco. ¿Saldrías con él entonces?
—Ni de coña, ya he dicho que no sentía nada por él. Y no te preocupes, Miyagi, te daría prioridad a ti.
—No la he pedido.

Le di una patadita a Sendai-san, que sonreía burlonamente frente a mí.

—Guau, qué malos modales.
—No peores que los tuyos, Sendai-san.

Se desabrochó un botón de la blusa y se aflojó la corbata. Ahora mismo no lo hacía, pero no quería oír lecciones de alguien capaz de tirarse en la cama de otra persona con tal descaro que se le veía todo por debajo de la falda.

—Estás celosa del chico ese del equipo de baloncesto, ¿a que sí? Venga, sabes que es verdad.

La voz de Sendai-san sonaba ligera como una pluma al hablar. Se desenrolló la manga, cubriéndose el brazo de nuevo. Luego, se sentó en mi cama.

—No digas tonterías.

Se notaba que solo estaba bromeando, pero no podía quedarme tranquila a menos que lo negara. Solo me sentía un poco incómoda porque Maika me había contado algo que yo no sabía.

Esto no eran celos.

Me senté en el suelo con la espalda apoyada contra la cama. Desde el día que hice que Sendai-san me lamiera los pies después de las vacaciones, sentía que algo no andaba bien en mí. El calor de la lengua de Sendai-san seguía dentro de mí, negándose a desaparecer.

Por eso intenté tratar a Sendai-san como una amiga más. Pasamos el rato jugando y hablando de tonterías, con la esperanza de que eso borrara esta sensación tan rara. Ese era mi plan, pero no sirvió de nada; no logré verla como una amiga de verdad.

Así era como me sentía incluso ahora. No me salía hablarle como si fuera mi amiga. En ese caso, ¿qué quería de Sendai-san? Era como si cuanto más tiempo pasábamos juntas, menos lo supiera. Había olvidado la razón inicial de nuestro acuerdo.

Siempre que Sendai-san estaba cerca, era como si algo invisible se me pegara al cuerpo y me agitara el corazón. Me sentía intranquila y, a veces, ni yo misma me reconocía. Deseaba que este lío de emociones se esfumara, igual que las burbujas de un refresco que estallan y desaparecen en el aire.

Respiré hondo mientras miraba por la ventana. Antes de darme cuenta, el cielo azul de fuera se había oscurecido. Saqué el libro de texto de Japonés Contemporáneo de mi mochila y se lo tendí a Sendai-san.

—Esta es tu orden de hoy. Bájate de la cama y léeme esto.
—¿Quieres que te lea un libro de texto? —dijo Sendai-san con expresión perpleja mientras se sentaba a mi lado.
—Sí.

Estaba un poco cansada. Me quité la americana, los calcetines y la corbata antes de tumbarme en mi cama.

Capítulo 23

—Entonces, ¿por qué me haces leerte un libro de texto en vez de un manga o una novela? —dijo Sendai-san mientras pasaba las páginas del libro de texto de Japonés Contemporáneo.
—Es como una nana. Para ayudarme a dormir.

Sentía que si seguía despierta más tiempo, acabaría diciendo cosas de las que me arrepentiría. Si Sendai-san hubiera venido ayer cuando la llamé, quizá habríamos tenido más de qué hablar. Pero después de pasar un día entero a solas con mis pensamientos, ya no encontraba las palabras adecuadas. Para empezar, no tenía por qué haberla llamado solo por haberme enterado de que alguien se le había declarado.

—Sabes, si los profesores te oyeran llamar a los libros de texto «nanas», probablemente llorarían —dijo, girándose para mirarme.

Entonces, mientras yo estaba tumbada, Sendai-san me dio un golpecito ligero en la cabeza con el libro de texto, igual que harían los profesores.

—No es culpa mía que las clases sean un tostón —le devolví el golpe suavemente en el brazo.
—No es bueno echarle la culpa a los demás todo el tiempo, ¿sabes? —dijo con tono burlón.
—Cállate. Venga, léemelo ya.
—Vale, lo haré. Pero, ¿qué se supone que hago si te duermes de verdad?
—Sigue leyendo mientras duermo.
—¿Eh? Ni de coña, eso va a hacer que me entre sueño a mí también.

Dijo Sendai-san con voz desmotivada mientras se dejaba caer sobre mi cama. Su mano tocó mi cuerpo. Para ser más exactos, me rozó el costado. Me dio un poco de cosquillas, así que me incorporé y le tiré del flequillo a Sendai-san.

—No tienes permiso para dormirte, Sendai-san. Levántate.
—Vale, vale.

Di «vale» una sola vez.

Aunque se lo dijera, Sendai-san probablemente no me haría caso, así que tampoco quise molestarme en convertirlo en una orden. En su lugar, la empujé para que empezara a leer.

—Que ya lo sé.

Dio una respuesta corta. Entonces, una voz agradable y relajante llegó a mis oídos. Era una voz que oía con bastante frecuencia cuando estábamos en la misma clase en segundo año.

En clase siempre leía con una perfección envidiable; tanto, que me hacía desear leer con esa misma soltura. Y hoy no era una excepción: su voz clara recitaba el texto de forma impecable, sin un solo titubeo.

Al cerrar los ojos sentí una paz absoluta, como si me hubiera arropado con mi manta favorita para protegerme del brillo exterior, sumergiéndome en un mundo sin luz. En esa oscuridad cálida y relajante, lo único que me guiaba era el sonido de la voz de Sendai-san.

Era como si hubiéramos vuelto a nuestra antigua aula, justo donde estábamos antes de las vacaciones de primavera. Su voz fluía con elegancia, deslizando las palabras en mi mente con total naturalidad. Con un tono mucho más dulce que el de cualquier profesor, su voz me fue acunando hasta que el sueño me venció y mi consciencia terminó por desvanecerse.

Nada tan superficial y ligero como una siesta; me había deslizado hacia las profundidades del sueño sin ni siquiera darme cuenta. No tuve ningún sueño. Pero para cuando desperté, parecía que habían pasado varias horas.

En el silencio de la habitación, mi mente se fue despejando poco a poco. ¿Qué hora era? Empecé a incorporarme para ver la hora en el reloj. Pero más que al reloj, me encontré mirando la cara de Sendai-san que estaba dormida.

—Y eso que te dije que no te durmieras...

No tenía ni idea de cuándo se había quedado frita, pero dormía plácidamente a mi lado. No estaba lo bastante cerca como para considerar que estaba pegada a mí. Sendai-san dormía al borde de la cama, así que había una distancia razonable entre nosotras.

Se había quitado la americana, pero se había dejado los calcetines puestos para dormir. Tenía la corbata aflojada y, como de costumbre, llevaba dos botones de la blusa desabrochados. Su toque de maquillaje le daba un aspecto cuidado. Se podría decir incluso que estaba bastante guapa.

Acaricié suavemente la cara de Sendai-san. Si se despertara ahora mismo, probablemente se enfadaría conmigo por estropearle el maquillaje. Pero en su estado actual, no podía decir nada. Mis dedos trazaron su boca, deteniéndose justo en la comisura.

Ella ya había tocado mis dedos con estos mismos labios. De hecho, hasta los había tenido dentro de la boca. Me vino el recuerdo de su lengua contra mis dedos: era más suave que su mejilla. Reviví la sensación de la lengua húmeda de Sendai-san lamiendo mi sangre. La notaba caliente cuando presionaba contra la herida, que me escocía. Por supuesto, que Sendai-san me lamiera no calmaba el dolor. Pero ver su cara de disgusto mientras obedecía mi orden y se tragaba mi sangre... eso sí me daba satisfacción. Pero cuando mordió la herida, esa sensación de satisfacción se esfumó al instante y el dolor se intensificó.

Deslicé la punta de los dedos hacia el centro de sus labios. No me había dado cuenta antes, pero eran tan suaves como una nube de chuche. Apreté suavemente sus labios.

Sendai-san no reaccionó.

—Di algo de una vez.

Quería oír su voz. Quería oír la voz que siempre me negaba. Normalmente, diría cosas como «Para» o «¿Eres tonta?» para mantenerme a raya. Pero ahora mismo, la voz que solía estar ahí para detenerme no se oía por ninguna parte.

Por eso, mi mano no paraba.

Mis dedos se movieron de sus labios a su barbilla y luego se aventuraron aún más abajo. Recorrí su cuello con los dedos, bajando hasta la clavícula. Sendai-san no daba señales de despertarse.

Si bajaba solo un poco más, llegaría a la zona donde me dijo que no le dejara ningún chupetón. Tras dudar un momento, puse los dedos sobre su clavícula y la seguí hasta llegar al hombro.

Mi palma rozó el tirante del sujetador bajo su blusa, y noté el calor de su cuerpo. Estaba un poco más caliente de lo habitual, quizá porque estaba dormida. Aunque ya iba siendo hora de que se despertara, Sendai-san no mostraba el menor signo de moverse.

Mi mirada se desvió hacia un lado de su cuello. Ese era uno de los sitios donde me prohibió explícitamente dejarle un chupetón. No podía apartar los ojos de allí. Le quité la mano del hombro.

Al inclinarme hacia el lado de su cuello, sin desabrochar nada de su blusa, me llegó el dulce aroma de su champú. No era la primera vez que lo olía. Tenía el mismo olor que mi almohada las noches en que Sendai-san me visitaba.

A medida que acercaba mi cara a su cuello, la fragancia se hizo más fuerte, provocando que el corazón me latiera un poco más rápido. Rocé mis labios contra un punto justo debajo de su oreja, y el sonido de mis propios latidos retumbó más fuerte en mi cabeza.

Presioné los labios firmemente contra su piel, intentando ahogar el sonido de mi corazón desbocado. Justo cuando estaba a punto de morder, la sensación de su piel en mis dientes me hizo volver en mí, y me aparté rápidamente.

Me limpié los labios. Mientras me frotaba los labios a toda prisa, como intentando borrar el recuerdo de lo que acababa de pasar, sentí un tirón en mi blusa.

—¿Qué estabas haciendo?

Me giré hacia el origen de la voz a mi lado y me encontré a Sendai-san con los ojos entreabiertos.

—Nada —respondí secamente, intentando poner algo de distancia entre nosotras. Pero había una pared justo detrás de mí, así que no pude alejarme tanto como quería.
—Ah, ya sé. Estabas intentando hacer algo guarro, ¿a que sí?

No creo que se haya dado cuenta. Al fin y al cabo, estaba dormida. Como acababa de despertarse, no podía saber lo que había pasado.

... Al menos, así debería ser.

—No, no lo hacía —respondí con firmeza a la pregunta de Sendai-san. Podía sentir la sonrisa en su tono de voz.
—Tienes la cara roja, ¿sabes? —dijo Sendai-san mientras extendía la mano hacia mí.

Mis mejillas no se sentían calientes. El corazón me latía un poco más fuerte de lo normal, pero estaba segura de que no tenía la cara colorada. Su mano, que se sentía más caliente de lo habitual, me tocó suavemente la mejilla, haciendo que retrocediera por reflejo. Pero al hacerlo, me choqué accidentalmente contra la pared que tenía detrás.

Pum.

—Ay.

Un golpe seco resonó en mi habitación, e instintivamente me llevé la mano a la cabeza por el dolor. Había olvidado que tenía una pared detrás. Pero gracias a la conmoción de golpearme la cabeza, mi corazón logró recuperar la compostura.

—Estás mintiendo con lo de que tengo la cara roja, ¿verdad? —me quejé a Sendai-san mientras me acariciaba la zona donde me había dado el golpe.
—A ver, ¿por qué iba a hacer eso?
—Y lo que es más importante, ¿por qué te has dormido?

Regañé a Sendai-san dándole una patadita en la pierna por desobedecer mi orden de seguir leyendo incluso después de que yo me durmiera.

—Me entró sueño solo de verte dormir a ti, y antes de darme cuenta, me quedé frita yo también. ¿Qué hora es ahora mismo?

Cuando miré el reloj, me di cuenta de que había pasado bastante tiempo.

—Son casi las ocho.
—Quiero dormir un poco más.
—Levántate.

Después de darle otra patada a Sendai-san en la pierna, se levantó lentamente, revelando mi libro de texto de Japonés Contemporáneo que yacía debajo de ella.

—Sendai-san.
—¿Mmm? ¿Qué pasa?
—Está todo doblado.

Cogí el libro de texto de debajo de Sendai-san y lo levanté para enseñárselo. La cubierta, que parecía haber estado presionada contra su espalda, tenía pliegues visibles.

—¡Ay, lo siento! Me quedé dormida mientras lo leía. Lo siento de verdad —Sendai-san se disculpó con cara de arrepentimiento.
—Está bien, en realidad me da igual. Es solo un libro de texto.

Aunque lo ideal era tener el libro impecable, la verdad es que me daba igual que estuviera doblado. Total, solo iba a usarlo un año. Pero a Sendai-san parecía importarle de verdad.

«Lo siento», la oí disculparse una vez más.

—No pasa nada. De todas formas no voy a necesitarlo mucho tiempo más.

Después de intentar “alisar” cuidadosamente la cubierta, dejé el libro de texto sobre mi almohada.

Capítulo 24

No es que me apasionara estudiar, y tampoco me sentía precisamente motivada para preparar la selectividad. Así que, aunque el libro de texto hubiera estado intacto, tampoco tenía intención de usarlo mucho.

—Te lo compensaré la próxima vez —dijo la culpable.
—Ya te he dicho que da igual.

No estaba segura de cómo planeaba compensármelo, pero dejar que hiciera algo iba a ser una pesadez. Además, tampoco es que valorara mucho los libros de texto. Lo más importante era que estaba siendo muy consciente de la distancia entre Sendai-san y yo.

Aunque mi habitación era bastante espaciosa, no se podía decir lo mismo de mi cama: estábamos bastante pegadas. Si fuera posible, me habría gustado que hubiera más espacio entre nosotras. Como tenía la pared detrás, no podía retroceder más; lo único que podía hacer era hacerme un ovillo abrazando mis rodillas.

—Pero la cubierta está toda doblada. ¿No te importa? —preguntó Sendai-san, que parecía más preocupada por el estado de mi libro que yo.
—No, la verdad es que no.
—Bueno, aunque a ti no te moleste, a mí sí, así que voy a compensártelo de todas formas.

Sendai-san era más terca que una mula cuando se trataba de discusiones como esta, y nunca daba su brazo a torcer. Se parecía un poco a mí en eso de querer dejar claras sus opiniones. Además, tenía mucha más integridad de lo que pensaba al principio: si prometía compensarme algo, lo más probable es que lo cumpliera.

—Me vale lo que sea. No vayas a hacer nada especial.

Me parecía inútil perder más tiempo hablando de la portada del libro, así que intenté acelerar la conversación.

—Bueno, supongo que tema zanjado —no estaba segura de qué planeaba, pero Sendai-san cortó el asunto ahí. Luego, me dio una patadita ligera en la pierna—: Entonces, Miyagi, ¿qué quieres hacer ahora?
—Nada en especial. Si quieres cenar aquí, prepararé algo para las dos.
—¿Qué debería hacer?

«Mmm...» Sendai-san se quedó pensando con una expresión que sugería que no le estaba dando muchas vueltas al asunto. Entonces, como si recordara algo, llevó la mano a su blusa para abrocharse un botón.

La había visto desabrocharse el segundo botón mil veces en esta habitación, pero esta era la primera vez en la historia que se lo abrochaba. Mi cuerpo se tensó al verla hacer algo que se salía tanto de lo normal.

Sendai-san no debería haber notado nada. Al fin y al cabo, estaba dormida cuando le toqué el cuello. Entonces, ¿por qué se acababa de abrochar la blusa ahora mismo? Sentí un peso en el pecho, como si me estuvieran estrangulando.

No debería haberle hecho nada. Después de todo, Sendai-san no era mi amiga, ni estaba liada con ella. No debería haberle hecho nada mientras dormía. La historia habría sido distinta si hubiera estado despierta. Al menos entonces podría haberle ordenado que se estuviera quieta y no habría pasado nada. ¿Por qué lo había hecho para empezar? Esa era una pregunta para la que ni yo misma tenía respuesta.

—Miyagi, te van a salir arrugas si sigues poniendo esa cara —dijo Sendai-san mientras me señalaba el rostro—. Tienes una expresión que da miedo ahora mismo. Creo que deberías mirarte al espejo.
—No, estoy bien.

Si por mí fuera, habría preferido salir corriendo antes que mirarme al espejo. Pero tampoco podía salir de mi habitación así como así, de golpe.

—¿No vas a decir esas palabras hoy? —preguntó Sendai-san, estirando los brazos hacia arriba como si fuera completamente ajena a lo que había pasado.
—¿Qué palabras?
—Ya sabes: «Lámeme».
—No.

Hoy no parecía un buen día para eso. Todo esto me daba muy mala espina.

—Ya veo.

Aunque fue Sendai-san quien preguntó, su tono sonaba indiferente. Entonces, empezó a tocarme la pierna. Acarició mis dedos desnudos y luego subió los dedos hasta mi tobillo. Las yemas de sus dedos rozando suavemente mi piel me daban cosquillas. Cuando intenté apartar la pierna, me agarró el tobillo.

—Suéltame.

Ante mi orden tajante, Sendai-san obedeció. Pero, justo después de soltarme el tobillo, sus dedos se deslizaron hacia arriba, apartando mis manos de mis rodillas. Sin mostrar ni pizca de preocupación, agarró el dobladillo de mi falda y la levantó con total naturalidad.

—No hagas cosas raras —le agarré la mano en señal de protesta.
—Solo quería ver si el moratón de tu rodilla se había ido de verdad o no.
—Mis moratones se curan solos perfectamente. No necesitas comprobar nada.
—Venga, enséñamelo de todas formas.

Insistió Sendai-san.

Después de apartar mi mano, empezó a tocarme la rodilla. Aunque fue ella quien me dijo que se lo enseñara, en realidad no lo estaba mirando. Me acariciaba la rodilla con las yemas de los dedos. La forma en que me tocaba se sentía extraña. Un escalofrío me recorrió la espalda. No me gustaba nada esta sensación.

—¿No decías que querías mirarlo? —protesté contra Sendai-san, que seguía acariciándome la rodilla suavemente.
—¿Prefieres que pare? —preguntó Sendai-san, aunque sonaba como si no fuera a hacerme caso dijera lo que dijera, ya que su mano seguía moviéndose.
—Para. Ahora mismo.

Dije firmemente. Pero Sendai-san no paró. Sus dedos se deslizaron desde mi rodilla bajando hasta el empeine de mi pie. Seguía tocándome igual que hacía siempre que le ordenaba que me lamiera. Recorrió mi pie con el dedo. Se sentía increíblemente incómodo, como si tuviera hormigas arrastrándose por toda la superficie de mi piel. A pesar de eso, sabía que si realmente quisiera que Sendai-san parara, podría haberlo hecho ya. En lugar de eso, abracé mis rodillas con fuerza.

—En serio, ¿podemos parar ya? —le quité la mano de encima de un tirón—. ¿Se supone que esto es una venganza?

Porque te toqué el cuello mientras dormías.

Pregunté, pensando si solo intentaba devolvérmela por lo que yo había hecho.

—¿Venganza por qué?

Sendai-san sonaba un poco perpleja, pero no podía estar segura de si se estaba haciendo la tonta o no. De todas formas, ver lo divertida que parecía Sendai-san me estaba poniendo de los nervios.

—Si no era una venganza, entonces olvídalo. Venga, dame el brazo.

Le agarré el brazo sin esperar siquiera una respuesta.

—¿Se supone que es una orden?
—Lo es, así que haz lo que te digo.
—¿Piensas dejarme otra marca ahí?
—No exactamente.

Le desabroché el botón de la manga de la blusa y se la remangué. Me quedé mirando el punto entre su muñeca y su codo; la misma zona donde le dejé la marca la última vez. Entonces, le clavé los dientes en el antebrazo, fuerte. Fue satisfactorio. Cuando pareció que estaba mordiendo lo bastante fuerte como para hacerle sangre, Sendai-san intentó apartarme la cabeza de un empujón.

—Oye, que eso duele de verdad.

Al sentir un empujón firme en la coronilla, levanté la cabeza.

—Es increíble. ¿Cómo puedes morder a alguien tan fuerte? ¿No es un poco turbio? —dijo Sendai-san, frotándose el brazo mientras se bajaba la manga.
—Podemos considerar esto como tu compensación por lo de mi libro.
—No decidas eso tú sola.
—Estarás bien. Las marcas de los dientes desaparecerán enseguida.

Ojalá todo lo que yo hiciera pudiera desaparecer igual de rápido.

En cualquier caso, dado que era una orden, no tenía derecho a quejarse. Además, tratándose de Sendai-san, era muy poco probable que estuviera enfadada conmigo de verdad. Esa era la clase de relación que teníamos, así que no pasaba nada.

—Pero ha dolido en serio —dijo Sendai-san, sonando un poco resentida.
—También ha sido un castigo por todas las cosas raras que has hecho antes.
—Comparado con todas las cosas raras que haces tú, Miyagi, creo que lo mío se queda corto.

Dijo Sendai-san con voz un poco molesta mientras se bajaba de la cama.

Bien, las cosas volvían a sentirse como siempre. Al ver esa mirada de fastidio en su cara, por fin pude sentir un poco de alivio.


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