[Interludio] Mi vida antes de cruzarme con Miyagi (Sendai PoV)

Traducción fan al castellano de Shū ni Ichido Classmate o Kau Hanashi — Shuukura

HISTORIA SOBRE CÓMO COMPRABA A MI COMPAÑERA DE CLASE UNA VEZ A LA SEMANA


Interludio

¿Su estatura tendía a ser alta o baja? ¿Eran propensos a seguir las reglas o no? Estas eran solo algunas de las muchas formas de clasificar a las personas, pero hoy, mi único interés estaba en una división muy concreta: gente a la que conocía y gente a la que no.

Acababa de empezar segundo de bachillerato.

Con la llegada de abril, todos los estudiantes pasaban al siguiente curso y tocaba cambiar de aula. Como es lógico, no teníamos ningún control sobre quiénes serían nuestros nuevos compañeros.

Recién estrenada como alumna de segundo, busqué mi nombre, «Hazuki Sendai», en las listas de clase colgadas justo frente a la entrada del instituto. Cuando encontré mi nombre, me fijé en que «Umina Ibaraki » estaba en la misma lista que yo.

Aunque no era especialmente tímida, tener un par de caras conocidas en la misma clase no venía mal. Especialmente Umina; me consideraba afortunada de que nos hubieran puesto juntas este año.

Con ella cerca, esperaba pasar mi segundo año igual que el anterior. Mi posición en la clase probablemente seguiría siendo la misma, así que parecía que tenía el camino despejado por delante.

Escaneé las listas una vez más para ver dónde estaban mis otras amigas antes de dirigirme a mi aula.

El ambiente en el instituto siempre parecía un poco agitado tras la vuelta de unas vacaciones largas. Fuera a donde fuera, oía a otros estudiantes rememorando cómo habían pasado las vacaciones o veía a gente con la mirada perdida, como si la mitad de su cuerpo siguiera en casa. Había una mezcla única de emoción y ansiedad en el aire, probablemente porque se nos daba la bienvenida al comienzo del nuevo curso con aulas desconocidas y compañeros nuevos.

Caminé por los pasillos llenos de ruido antes de llegar a mi nueva clase.

En cuanto abrí la puerta, la primera persona que vi tenía el pelo castaño claro. Esa persona no era otra que Umina. Destacaba fuera a donde fuera.

Bueno, teniendo en cuenta que eso era exactamente lo que buscaba, sería más preocupante para ella si no destacara. Aún así, la capacidad de conseguir todo lo que se proponía era un talento en sí mismo. Ella y yo teníamos nuestras diferencias, pero admiraba esa parte de ella. Umina probablemente acabaría siendo el centro de atención de la clase otra vez, igual que en nuestro primer año.

Me dirigí hacia Umina.

Un paso, dos pasos, tres pasos.

Al pasar junto a unos cuantos pupitres, oí un par de voces que sonaban emocionadas, pero un poco tristes al mismo tiempo.

—Me alegro de que estemos en la misma clase otra vez este año, Maika, pero...
—Es una pena que Ami no esté con nosotras, ¿eh?

Cuando les eché un vistazo disimulado, las chicas que vi parecían completamente diferentes a Umina.

Los cambios de clase siempre eran una mezcla de alegría y tristeza.

Mientras que algunos estaban encantados de encontrarse en la misma clase que sus amigos, otros estaban tristes por haber sido separados de ellos.

Parecía que las chicas con las que me había cruzado habían acabado separadas de una de sus amigas íntimas, así que no estaban del todo contentas con su situación. Tenía sentido que no pudieran alegrarse de estar en la misma clase cuando su otra amiga se había quedado sola.

Bueno, por mucho que entendiera sus sentimientos, no iba a hacer nada al respecto.

No las conocía lo suficiente como para empezar una conversación con ellas así de la nada. De las dos categorías que había mencionado antes, consideraba a esas chicas «gente que no conocía», lo que también significaba que tenía que aprenderme sus nombres más tarde, así que por el momento me aseguré de quedarme con sus caras.

Me detuve frente al pupitre de Umina y la saludé.

—Buenos días.
—¡Ah, hola, Hazuki! Todo el mundo ha dicho que se apunta a salir por ahí después de la ceremonia de apertura de hoy.

En cuanto saludé a Umina, que ya estaba rodeada de un montón de gente —algunas caras conocidas, otras no—, me informó de nuestros planes para después de clase. Parecía que nada había cambiado desde el año pasado.

—¿Hemos decidido ya a dónde ir?

Pregunté.

—Eso es lo que estábamos discutiendo antes de que vinieras. Ah, pero antes de eso, cuéntame qué pasó.
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes, ¿qué pasó con Masaki?

En el momento en que mencionó el nombre de alguien de quien prefería no oír ni hablar, una sensación de pavor me invadió.

Sabía que me iba a preguntar por él, pero la verdad es que no tenía mucho que contarle.

—¿Qué pasa con él?

Pregunté, haciéndome la tonta.

—¿No intentó contactar contigo Masaki?

Recordaba haber recibido una llamada suya durante las vacaciones de primavera, pero nunca me había encontrado con él ni había hablado con él antes, así que yo no fui quien le dio mi contacto.

Tuvo que ser Umina.

Aunque no le había dado permiso para emparejarme con un chico, me estaba pidiendo un informe de situación. No era la primera vez que pasaba. Ya lo había hecho muchas veces en el pasado.

Umina era el tipo de persona que disfrutaba entrometiéndose y haciendo de casamentera con sus amigas. Sabía que probablemente tenía buenas intenciones, pero como no tenía ningún interés en echarme novio, me resultaba un tostón.

—Me intentó llamar, pero eso fue todo.
—¿Eh? ¿No quedasteis ni nada?
—Nop.
—¿Por qué no?
—La verdad es que no teníamos mucho de qué hablar.
—¿Y eso importa realmente? Hablad de lo que sea. ¿No crees que es un desperdicio rechazarlo sin quedar con él al menos una vez?
—¿No es importante compartir algunos intereses comunes con tu pareja?
—Qué va, para nada. Creo que tienes el listón demasiado alto, Hazuki. Tienes que estar dispuesta a hacer algunas concesiones si quieres echarte novio. Puedo presentarte a tantos chicos como quieras.
—Gracias, pero ya vale de hablar de mí. ¿Cómo van las cosas con tu novio, Umina?

Desviando la conversación lejos de mí, le pregunté a Umina por el chico con el que salía desde nuestro primer año.

—¿Ah, él? Últimamente me está sacando un poco de quicio.
—¿Por qué?

Preguntó alguien más. Mientras escuchaba a Umina despotricar de fondo, eché un buen vistazo al aula.

La clase parecía una pecera donde cada estudiante era como una criatura que podía ser observada y comparada despiadadamente con las demás. Las dinámicas de poder en la clase ya se habían establecido el primer día.

No había peces normales rodeando a un pez llamativo como Umina. Los que la rodeaban, o destacaban tanto como ella, o simplemente estaban allí para disfrutar de los beneficios de estar en su compañía.

Pero a diferencia del mar, aquí, los peces fuertes no se comían a los débiles. Tanto los peces llamativos como los peces normales nadaban unos alrededor de otros para evitar colisiones.

Me sentía bastante a gusto dentro de este acuario, donde la tranquilidad conseguía coexistir con estas dinámicas de poder. No me gustaba especialmente la idea de estar dividida por una jerarquía social, pero mientras fuera capaz de establecer una posición favorable para mí, tenía la libertad de nadar por donde quisiera.

Aquí, era aceptada por los demás incluso cuando mi propia familia no me aceptaba. Mientras jugara bien mis cartas, tenía garantizado un viaje tranquilo de aquí en adelante sin tener que esforzarme demasiado por ello.

—Ah, he oído que los sándwiches de frutas que venden allí están buenísimos.

Volví a la realidad al oír la voz burbujeante de Umina.

La conversación había pasado de alguna manera del novio de Umina a una tienda conocida por sus coloridos sándwiches de frutas.

—Vamos a echar un vistazo después de la ceremonia de apertura. También quiero comprar algo de base de maquillaje ya que estamos.
—Vale, genial.

Respondí con una sonrisa. Gracias a Umina, mi agenda para después de clase ya estaba reservada.

Todos los peces de la pecera tenían un lugar al que volver al final del día, pero si yo podía, quería retrasar ese momento, aunque fuera solo un poco. Cada día, la idea de volver a casa con mi familia, a quienes veía más como muñecos que como personas reales, me llenaba de angustia.

Mi propia casa servía como un recordatorio constante de que nunca podría llegar a ser como la muñeca perfecta que era mi hermana mayor.

—Buah, la ceremonia de apertura parece que será un coñazo. Quizá debería saltármela.

Refunfuñó Umina. Sus palabras no eran exactamente lo que yo llamaría dignas de elogio.

—Venga, que el día ya casi ha terminado.
—Ya, pero aun así no quiero ir. ¿Por qué no te la saltas conmigo, Hazuki?
—Sería un marrón si nos pillan los profesores, así que prefiero que no.

No tenía ninguna intención de romper las normas del instituto el primer día, ni iba a hacerlo en el futuro. Quería evitar cualquier cosa que manchara mi reputación.

En cuanto sonó el timbre, fui a sentarme en mi sitio.

Para poder navegar mi segundo año de bachillerato junto a los otros peces llamativos, establecer una primera impresión positiva era crucial. No tenía ningún deseo de arruinar mi posición con los profesores, y tampoco ganaba nada convirtiéndome en su enemiga.

A partir de hoy, viviría cada día igual que el anterior, una y otra vez, como si estuviera atrapada en un bucle.

Las cosas probablemente continuarían así hasta la graduación.

Esta vida cotidiana y eternamente inmutable se sentía a la vez liberadora y limitante. Era agradable, aunque mundana. Aún así, lograba encontrar satisfacción dentro de mis pequeñas rutinas diarias.

Aunque no me importaba introducir algo de variedad de vez en cuando, encontraba que la intromisión de otros, imponiéndome cambios no deseados, era desconsiderada e inquietante. Era como si el concepto del nivel perfecto de estimulación no existiera.

Así que era mejor no cambiar nada en absoluto. Había valor en mantenerlo todo igual.

No quería que nada en mi vida diaria cambiara.

Al menos, eso era lo que pensaba en aquel momento.


Comentarios